domingo, 11 de julio de 2010

Problemas de idioma

Soy un caso peculiar en el que trato de compartir siempre mis anécdotas aun cuando no tengo la más minima noción de escritura. Pero tratare de darme a entender.

He tenido la oportunidad de estar en diferentes países y como siempre cuando la lengua del país que se visita no es la propia siempre surgen algunos detalles. Lo curioso de esto es que en donde mayores problemas tuve con mi "español" fue en España, mas específicamente en Cataluña. Después de largas meditaciones resumí que para darme a entender, necesitaba pensarlo como decir las cosas 3 o 4 veces mas de lo normal. Es decir:

1.- ¿Como lo diría normalmente?
2.- ¿Como creo que me entenderán?
3.- ¿Como creo que ellos lo entienden?
4.- Pensar en una alternativa diferente a las 3 anteriores.

Llegue a la panadería, donde una chica no del todo amable, mas bien normal, dice; "quien sigue!"

- Quisiera una barra de pan, por favor. (barra?? Primer error, aún no entiendo porque se me ocurrió)
- Barra? – Contesta la señorita, con cara de no saber exactamente a que me refiero, pero me da un baguette (que no lo pedí como baguette pues supuse que seria un término afrancesado) pero me entendió.

Debo reconocer que después de unos días de vivir en un lugar extraño pues como que ya se extraña la “telera o el bolillito”, por lo que se me ocurre preguntarle si no tenia uno que estuviera mas “suave”.

Y pues ahí se acabo todo el buen trato entre ambos.

- “¿Como que suave?”- me pregunta con cierta incertidumbre la señorita.
- Pues algo menos crujiente, vamos algo mas “blandito”- repliqué.
- “¿blandito?” contestó con asombro.
- Pues si, algo mas “esponjoso”- insistí con algo que yo lo veía como sinónimo de suavidad.
- No, pues así esta hecho y no hay más – contestó a forma de cerrar el dialogo.

En fin para no discutir me quede con las ganas de mi pan suavecito o esponjosito.

En otra ocasión, en la misma panadería, vi un letrero sobre puesto en una canasta perfectamente bien decorada la cual contenía unas bolitas de masa con un poco de azúcar, freídas en aceite, que lucían y olían deliciosas, y decía; “Buñuelos de viento”, y díganme si no soy pendejo, se me ocurre preguntar ¿de que eran? y pues si, la respuesta fue;
-De viento.

La verdad ya solo por pena no quise insistir, pero ya con el tiempo supe de qué eran, pero en ese momento me quede igual que ustedes.

Fin.